Gwendolyn tenía nueve años el día en que casi mató al futuro jefe del clan MacCullough.
Estaba en lo alto de un robusto roble, comprobando la resistencia de cada rama para ver si aguantaba su peso, cuando lo divisó montado en su peludo pony.
Acomodó la espalda en un bien usado hueco del tronco y observó a través de la cortina verde menta de las hojas, con el corazón casi detenido. Sí, era él. Era imposible confundir el majestuoso
porte de Bernard MacCullough ni el mechón de pelo oscuro que le caía sobre la frente. Llevaba una manta de tartan escarlata con negro cruzada sobre su camisa color azafrán. El broche de plata en
que estaba grabada la figura de un dragón, el blasón de los MacCullough, le atrajo la atención a sus hombros, que parecían ensancharse un poco más cada día. Su corta falda dejaba ver sus largas piernas bronceadas abrazadas a los flancos del pony.
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La maldicion del castillo – Medeiros_ Teresa




















2 comentarios
A mi me encanta este, lo tengo en Libro y es uno de los que mas repito…
holasoy Taty, yo soy fan a los higlanders pero no pude descargar este libro me lo puedes mandar a mi correo por favor