Jack London – Colmillo Blanco

Receloso y hostil al principio, al perro acabó por gustarle que lo trataran así. Pero hubo algo de lo que nunca supo curarse: su costumbre de gruñir. Desde que empezaban las caricias hasta que terminaban, esos gruñidos eran incesantes. Sin embargo, existía en ellos cierta nota nueva que cualquier persona extraña no hubiera sabido apreciar, creyendo que aún se manifestaba en él el primitivo salvajismo atroz y horrible de siempre. Pero la garganta del animal estaba tan endurecida, tan acostumbrada a emitir aquellos feroces sonidos, desde el primero que intentó producir cuando cachorro para manifestar su enojo, que le era ahora imposible suavizarlo para expresar toda la dulzura de sus nuevos sentimientos…

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Colmillo Blanco – London_ Jack

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